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miércoles, junio 29, 2022
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Los sanitarios y la memoria de los peces

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Suele decirse de una persona olvidadiza que tiene memoria de pez. Cuando estudiaba en la Facultad las bases neurobiológicas de la memoria y el aprendizaje, veíamos que no era del todo cierto aquello de que los peces solo pueden recordar los últimos 30 segundos, pues existían estudios experimentales que demostraban que recuerdan al menos lo acaecido en su entorno próximo en los últimos 12 días. Sigue siendo poco tiempo, pero se trata tan solo de peces.

El ser humano, con un sistema cerebral mucho más complejo, es capaz de recordar en la edad adulta sucesos de su más tierna infancia. Pero también conocemos que nuestra memoria es selectiva, existiendo una vinculación entre nuestros estados emocionales y el modo en que memorizamos acontecimientos. Por tanto nuestra memoria trabaja de manera sesgada, incluso en cerebros sanos. Verbigracia, ¿Se  acuerdan ustedes cuando todos los días a las ocho de la tarde salíamos a balcones y ventanas para homenajear con un aplauso a los héroes de los servicios sanitarios? Vale. Pues esos facultativos siguen siendo los mismos, ponen el mismo empeño y profesionalidad en su tarea. Se ven sometidos a la misma presión, tal vez todavía no hospitalaria, pero centrémonos, por ejemplo, en la atención primaria:  centros de salud absolutamente colapsados, en muchos casos con la plantilla mermada por bajas o vacaciones no cubiertas donde un médico llega a atender diariamente a cerca de 80 pacientes, sin levantarse en su jornada para ir al baño o tomar un café, asumiendo tareas administrativas, salidas a visitas domiciliarias, guardias extenuantes, haciendo pruebas PCR, ejerciendo el seguimiento de pacientes y contactos ante la falta de los cacareados rastreadores.

Eso que casi todos sabemos se nos ha olvidado interesadamente. Solo nos acordamos ya de nuestros derechos. Y el aplauso a aquellos heroicos sanitarios se ha tornado ya en muchos casos en críticas e intransigencias, en censuras e incomprensiones, en exigencias derivadas de ese tópico “yo pago mis impuestos para que usted me atienda”. Los sanitarios (médicos, enfermeros y demás personal) se han convertido, por si algo faltara, en receptores de la frustración ciudadana, asumiendo estoicamente el chaparrón de reprobaciones dirigidas a un sistema sanitario que se decía de los mejores del mundo, pero de cuyas evidentes fallas ellos son las principales víctimas. Es posible que debido al estrés hayan perdido parte de su sonrisa terapéutica. Son humanos.

Si no nos conociéramos, esta labilidad emocional hacia el personal sanitario sería incluso síntoma de trastorno mental. Por tanto, dejemos de ser mezquinos, como peces míseros y cicateros;  y si hay que criticar, apuntemos un poco más arriba, donde se toman las decisiones y se destinan los recursos (o se aplican los recortes), donde se hacen promesas vacías, donde se gestan las trifulcas vergonzantes entre administraciones y donde incluso se falta a la verdad  para aplacar los efectos de una gestión impresentable que les desborda. Jamás equiparemos a profesionales modélicos que se juegan el pellejo para salvar el nuestro, con  simples políticos de paso en despachos y ruedas de prensa.

Si alguien escucha el eco de un solitario aplauso rompiendo la quietud de una tarde otoñal, soy yo.

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