Los países ricos “engañan” al aportar un tercio de la financiación climática que declaran, según Oxfam

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Amina Ibrahim, madre de 12 hijos y desplazada por la sequía en Etiopía | Foto: Pablo Tosco/Oxfam Intermón

El valor real de la financiación climática que aportan los países ricos a los pobres para que afronten los efectos del calentamiento global es un tercio de la cantidad que declaran, según una investigación de Oxfam (Oxfam Intermón en España) dada a conocer este miércoles.

Esta organización apuntó que la mayoría de los países ricos aplica “prácticas de contabilidad de carácter engañoso y deshonesto para exagerar la financiación climática que aportan a los países en desarrollo”, y esa cifra podría haberse sobreestimado hasta un 225% en 2020.

El informe, publicado a pocas semanas del inicio de la 27ª Cumbre del Clima (conocida como COP27), que se celebrará en Sharm el-Sheikh (Egipto) del 6 al 18 de noviembre, señala que el «valor real» de la financiación climática proporcionada en 2020 se sitúa entre los 21.000 millones y los 24.500 millones de dólares (21.400 millones a 25.000 millones de euros), frente a los 68.300 millones de dólares (68.600 millones de euros) que los países ricos han declarado en concepto de financiación pública.

Si se añade la financiación privada, el total asciende a 83.300 millones de dólares (84.900 millones de euros). El objetivo fijado en el Acuerdo de París está fijado en 100.000 millones de dólares (101.900 millones de euros) cada año.

«Las contribuciones de los países ricos no solo siguen estando muy por debajo del objetivo contraído, sino que son engañosas al contabilizar la financiación climática de una manera que no es correcta ni adecuada. Estos países están sobreestimando su propia generosidad y pintando un panorama demasiado halagüeño, mientras ocultan la cifra que realmente se destina a los países pobres», afirmó Nafkote Dabi, responsable de políticas sobre cambio climático de Oxfam Internacional.

Dabi subrayó al respecto: “El mecanismo actual de la financiación climática mundial es como un tren averiado que corre el riesgo de llevarnos a un destino de proporciones catastróficas. El exceso de préstamos está endeudando a los países pobres, que ya tienen problemas para abordar los impactos del cambio climático. Se está declarando demasiada financiación de manera dudosa y deshonesta. Como resultado, los países más vulnerables continúan sin estar preparados para enfrentarse a los impactos de la crisis climática”.

PRÉSTAMOS

La investigación revela que instrumentos como los préstamos se declaran según su valor nominal, ignorando el reembolso de la financiación, entre otros factores. Con demasiada frecuencia, los proyectos financiados presentan un menor enfoque climático que el declarado, por lo que el valor neto del apoyo que se destina específicamente a la acción climática probablemente sea mucho más bajo del que sugieren las cifras de financiación climática declaradas.

En la actualidad, los préstamos dominan más del 70% de la provisión de financiación climática pública (48.600 millones de dólares, unos 49.500 millones de euros), lo que alimenta la crisis de la deuda a la que se enfrentan los países en desarrollo.

«Obligar a los países pobres a devolver préstamos para poder hacer frente a la crisis climática a la que apenas han contribuido es algo profundamente injusto. En lugar de prestar apoyo a los países que se enfrentan a sequías, ciclones e inundaciones que continúan agravándose, los países ricos están minando su capacidad para hacer frente a futuros impactos, además de profundizar sus niveles de pobreza», recalcó Dabi.

DEUDA EXTERNA

El pago de la deuda externa de los países menos desarrollados ascendió a 31.000 millones de dólares (31.600 millones de euros) en 2020. Por ejemplo, Senegal, que figura en el tercio inferior de los países más vulnerables del mundo frente al cambio climático, recibió el 85% de su financiación climática en forma de deuda (un 29% en concepto de préstamos no concesionales), a pesar de presentar un riesgo moderado de caer en una crisis de endeudamiento y del hecho de que su deuda representa un 62,4 % de su ingreso nacional bruto.

«Si los países desarrollados cumplieran con su compromiso de movilizar 100.000 millones de dólares al año y abordaran verdaderamente sus errores de contabilización de la financiación climática, sería posible evitar una catástrofe climática a gran escala. Manipulando el sistema solo conseguirán que sean los países pobres, que son quienes menos han contribuido a la crisis climática, los que acaben pagando”, apostilló Dabi.

Según Dabi, “un sistema de financiación climática que se basa principalmente en préstamos no hace sino agravar el problema”. “Los países ricos, especialmente aquellos que más contaminan, tienen la responsabilidad moral de ofrecer formas alternativas de financiación climática, sobre todo subvenciones, con el fin de ayudar a los países impactados a salir adelante y seguir desarrollándose con un bajo nivel de emisiones de carbono», indicó.

Dabi concluyó: «En las próximas negociaciones sobre el cambio climático de la COP27, que se celebrará en noviembre, los países ricos deben comprometerse urgentemente a incrementar la financiación destinada a los países vulnerables para la adaptación al cambio climático a través de subvenciones, así como a mejorar sus prácticas defectuosas de presentación de informes».

(SERVIMEDIA)

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